
El objetivo final es enviar estos mensajes al espacio, concretamente a un exoplaneta distante 20 años luz de la Tierra, el cual, según parece, tiene unas características similares a nuestro planeta, por lo que cabría la posibilidad de que albergase vida.
Los mensajes han empezado a enviarse este viernes, por lo que aproximadamente llegarán a su destino en octubre de 2028.
Lo cierto es que el objetivo no está muy claro. Podría tratarse simplemente de una manera divertida de hacerse publicidad, podría ser un intento más de hallar vida en otros planetas, o podría tratarse de un farol interestelar. Y es que al ser humano, ante todo, le gusta echarse faroles de vez en cuando. Desde el mítico aumento de talla del pez pescado en cada ocasión que sea recordado, pasando por las batallitas de la mili, las conquistas de galanes acomplejados, el número de cervezas consumido en una sola noche y las heroicas y acrobáticas hazañas sexuales de los grandes Machos Ibéricos de este mundo, los faroles están en la misma esencia del ser humano. Quizás los ejemplos sean demasiado ibéricos, pero creo que puede ser extensible a toda la superficie de este nuestro planeta.Con los avances científicos y astronómicos, el ser humano en su afán por tirarse faroles cada vez más grandes y cada vez más extensivos, ha decidido que su grupo de amigos, su vecindario, su barrio o incluso la Tierra son demasiado pequeños. Por eso han llegado la infinidad de iniciativas que pretenden decir a alguien: "¡Eh! que estamos aquí... ¿pasa algo?". Y es que el Hombre Sapiens piensa que es un acierto proclamar a los cuatro vientos (o a las cuatro galaxias) que somos tan inteligentes (o tan tontos) como para salir de nuestro escondite y darnos a conocer. Es más, en estos mensajes tendemos a enseñar cómo es el ser humano, sus hábitos, sus secretos más intimos y anatómicos, sus puntos débiles.
Y la pregunta es: ¿y si alguien lo recibe? ¿y si hay depredadores espaciales? Cualquier presa en la naturaleza tiende a mimetizarse hasta que pase el peligro. Bien, el ser humano no sólo no se esconde, sino que se pone luces de neón cual club de carretera para anunciarse. Así somos, ¡qué se le va a hacer!
Esperemos que nuestros vecinos, que ya saben todo sobre nosotros, sean amistosos. Y si no, dentro de unos cuarenta años, nos tocará correr como gacelas. Lo malo es que la Tierra pesa mucho.
