





El pasado mes de abril estuve en una boda. Para algunos puede que fuera una boda dentro de lo normal. Aunque yo pienso que cada vez este tipo de boda es menos frecuente. La boda era por
En este caso el compromiso no era ante los esposos o ante los testigos. El compromiso se hizo ante Dios. Porque Dios es entendido como la fuente de todo amor, el Amor en mayúsculas. Y el matrimonio no es más que eso, la demostración del amor mutuo que llevaba a los novios a esa decisión vital, a llevar a cabo la vocación de pareja, de formar una nueva familia, que ambos sentían.
Siguiendo con la ceremonia, personal y subjetivamente, fue muy emocionante. Los novios prepararon todo, desde la celebración hasta los adornos de la iglesi
a. Una celebración hecha desde el corazón, con el sentimiento de que es un día fundamental en su vida. Y es que, además, aconteció otro hecho tremendamente inverosímil hoy en día: los novios aún no vivían juntos. Para ellos desde que vieron que su relación tenía futuro, y empezaron a pensar que ese noviazgo podía convertirse en una vida en común, estaba muy claro que el paso siguiente era casarse. De ese modo, la celebración de la boda resultaría mucho más especial. Suponía un cambio en sus vidas, no una celebración festiva más, no unos papeles firmados, sino un compromiso de vida. Una auténtica revolución en su día a día y en su rutina.
Y así, rodeados de familia y amigos, con una celebración íntima y personal, se desarrolló el paso que supuso el cambio más importante de sus vidas, que a partir de ese momento pasó a ser SU VIDA, la única, la que comenzaban en común a partir de ese momento.
Después de la celebración, gente que reniega de todo lo que tenga un ligero regusto religioso, gente que odia las bodas, gente que se pone enferma con solo pisar una iglesia, me comentó lo mismo: que había sido una celebración preciosa, que no se le había hecho nada larga y que había disfrutado como nunca en una boda.
Para mí, personal y subjetivamente, fue la más bonita que he vivido nunca. Sobre todo, me quedo con las siguientes palabras,
Donde tú vayas yo iré, donde tú vivas yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras yo moriré, y allí quiero ser enterrada. Y nada, ni siquiera la muerte, nos separará jamás.
que, la que hasta entonces era mi novia, y a partir de ese momento pasó a ser mi mujer, me dijo mirándome a los ojos frente al altar.

Sergio
Hombre de ciencia, hombre de fe



La Navidad ciertamente ha tomado unos carices comerciales exagerados, sobre todo en la sociedad capitalista. Y es que, al menos en España, la Navidad comienza cada año con más anterioridad. No ha llegado el mes de diciembre y los centros comerciales ya están llenos de luces, dulces navideños, guirnaldas, adornos, papanoeles y demás parafernalia roja y dorada. Los anuncios de televisión nos recuerdan que ya es Navidad con dos meses de antelación, para que compremos, compremos y compremos.

desde los tres primeros cachorros nacidos en 2006 a los trece que han visto la luz del mundo en este año 2008. Esto, unido al intercambio de ejemplares silvestres entre las dos poblaciones linceras importantes para conseguir la variabilidad genética, y a iniciativas de creación de corredores verdes entre Doñana y Andújar, parece que está dando lugar a un pequeño mantenimiento de la especie. Lejos está el sueño de decir que el lince se encuentra fuera de peligro, muy muy lejos, pero al menos, un pequeño rayo de esperanza ha surgido.



roso de los poderes de este país, en el que hemos descubierto las intimidades más íntimas de Barack, John, Hillary y Sarah (perdón por la familiaridad, pero es que ya les conozco más que a mis vecinos), el resultado es, por mucho que nos neguemos, importante para toda la humanidad.







Lo cierto es que el objetivo no está muy claro. Podría tratarse simplemente de una manera divertida de hacerse publicidad, podría ser un intento más de hallar vida en otros planetas, o podría tratarse de un farol interestelar. Y es que al ser humano, ante todo, le gusta echarse faroles de vez en cuando. Desde el mítico aumento de talla del pez pescado en cada ocasión que sea recordado, pasando por las batallitas de la mili, las conquistas de galanes acomplejados, el número de cervezas consumido en una sola noche y las heroicas y acrobáticas hazañas sexuales de los grandes Machos Ibéricos de este mundo, los faroles están en la misma esencia del ser humano. Quizás los ejemplos sean demasiado ibéricos, pero creo que puede ser extensible a toda la superficie de este nuestro planeta.

